ELÍAS AMOR. Freno antes de empezar (spagnolo)

rcastro090413ELÍAS AMOR – DIARIO DE CUBA

Raúl Castro llama a ‘resistir a las presiones de quienes insisten en que debemos ir más rápido’ con las reformas.

Cada vez que Raúl Castro acude al Consejo de Ministros, como el celebrado el pasado 2 de abril, y se abordan cuestiones económicas, nos proporciona abundante material para la reflexión, a partir de lo que dice y se pretende hacer. Este, y no otro, es el sentido de la frase recogida enGranma, del propio Castro, que afirmar que “debemos pensar y repensar cada cosa que hagamos, a chequear periódicamente todas las medidas para corregir posibles errores, a no detenernos a pesar de los obstáculos que puedan surgir”.

Inquietante enunciado, a la vez que misterioso.

Inquietante, porque el régimen sigue empeñado en que para sacar adelante la economía postrada por el modelo instaurado hace más de medio siglo, es necesario “lograr una mejor planificación”, pero en un momento de sinceridad afirman que esas directrices estatales “no pueden convertirse en una camisa de fuerza, están sujetas a la argumentación y la flexibilidad”. Una de cal y otra de arena. En lenguaje coloquial, ni chicha ni limoná. Pero es que así no se dirige una economía, si es que una economía necesita algún tipo de dirección, y tarde o temprano se pagará un alto precio por este tipo de dudas.

Resistir presiones

En una economía de planificación central en la que el Estado es dueño de los derechos de propiedad y de las decisiones de consumo, inversión y gasto mediante directivas e intervenciones, el enunciado provoca, cuanto menos, sorpresa.

Aún se reconocen errores en la aplicación de las directrices contenidas en los Lineamientos, aún existen dudas sobre si en “el camino recorrido se está avanzando a buen ritmo”, y aún se habla de que “la magnitud y complejidad de los problemas no permiten que podamos resolverlos de un día para otro”.

Puede que todo lo anterior sea verdad, pero Raúl Castro lleva ya al frente de la dirección del país desde 2006, es decir, casi siete años, tiempo más que suficiente para que al menos se vislumbren resultados. Además, las medidas que ahora se intenta aplicar fueron el resultado de un pretendido debate social, analizadas y debatidas posteriormente en todos los foros habidos y por haber. ¿Y todavía se sigue dudando de su implementación?

Sin embargo, lo más llamativo de las declaraciones de Raúl Castro ha sido la referencia a la necesidad de “resistir a las presiones de quienes insisten en que debemos ir más rápido”.

Que aquellos que ostentan la mayor concentración de poder económico y político que puede existir en un país, se planteen “resistir presiones” no deja de ser significativo. Máxime si sitúan esas “presiones” en quiénes defienden que hay que ir más rápido.

Por lo pronto, las demandas de imprimir mayor velocidad a las transformaciones dubitativas, parciales y poco coordinadas con las que se pretende mejorar la eficiencia de la economía, es una buena noticia.

De pronto, se devela que frente a quienes insisten en mayor velocidad, se hallan quienes piden no ir tan rápido, detrás de los que se encuentra, y ahora es evidente, Raúl Castro. ¿Es que tiene miedo de continuar? ¿Es que se percibe contestación interna a los planes y decisiones incorporados en los Lineamientos? ¿Hasta dónde cabe contemplar la mirada vigilante de su hermano, ahora recuperado tras las amenazas de guerra nuclear del amigo Kim Jon-ung?

Un paso adelante, dos hacia atrás

He sostenido que en la dirección de la política económica más acertada se requiere tener muy claro a dónde se pretende ir. Los economistas utilizan la planificación estratégica para apostar por un escenario futuro que se considera alcanzable a partir de una situación definida en el presente, en términos de debilidades, fortalezas, amenazas y oportunidades. Ese escenario es objeto de negociación con todos los sectores sociales para alcanzar el mayor nivel de acuerdo entre las partes involucradas. Una vez alcanzado el consenso, el objetivo queda definido y para su consecución se adoptan medidas e instrumentos, y se mantiene el timón firme. Lo que importa no es tanto la velocidad, como tener las ideas claras de adónde se pretende llegar.

Las declaraciones de Raúl Castro son alarmantes, porque la cúpula dirigente del régimen anuncia a todos los que quieran escuchar, que no solo se debe frenar la velocidad, sino también resistir presiones de quienes quieren ir más rápido, y proceder a revisar en profundidad las actuaciones impulsadas, tomándose todo el tiempo que sea necesario. Orden y disciplina. Todo bajo el control del Partido, digamos, bajo el control de la cúpula del poder. Cada vez menos espacio para la sociedad civil, para los nuevos segmentos sociales que pudieran obtener ventaja de las reformas en curso.

¿No es inquietante?